Salud

Kitazato Shibasaburō: pionero en la prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas

Kitazato Shibasaburō: pionero en la prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas

Hasta principios del siglo XX, la humanidad estaba prácticamente desvalida frente a las enfermedades contagiosas. Kitazato Shibasaburō franqueó el camino al tratamiento de muchas enfermedades con descubrimiento de como el de la bacteria del tétanos o de la peste.

Cultivo exitoso de la bacteria del tétanos y descubrimiento de su antitoxina

El mundo de la medicina japonesa estuvo durante muchos siglos bajo influencia china. Si dejamos a un lado los llamados “estudios holandeses” (rangaku) del periodo Edo (1603-1868), que se abrieron camino en Japón a través de un único punto (la isleta artificial de Dejima, en Nagasaki), podemos decir que la influencia china duró hasta inicios de la era Meiji (1868-1912), cuando se produjo un radical giro hacia Occidente. Kitazato Shibasaburō (1853-1931) es la primera eminencia japonesa dentro de esta renovada medicina.

Nacido en la aldea de Kitazato, situada en la antigua provincia de Higo (actual municipio de Oguni, distrito de Aso, prefectura de Kumamoto), cursó estudios de medicina en la Escuela Médica de Furushiro, que luego se constituyó en Facultad de Medicina de la Universidad de Kumamoto, y en la Escuela Médica de Tokio, posterior Facultad de Medicina de la Universidad de Tokio. Aunque obtuvo un puesto en el Departamento de Higiene del Ministerio del Interior, siguiendo los consejos de Constant George van Mansvelt (1832-1912), el médico militar holandés que fuera su maestro en la escuela Furushiro, marchó a Alemania a completar su formación, permaneciendo en el país siete años (1885-1892). Allí, recibió las enseñanzas de quien a la sazón era la máxima autoridad mundial en bacteriología: Robert Koch (1843-1910).

Fue en el Instituto Koch de Berlín donde Kitazato, que a su diligencia y perseverancia unía un gran espíritu innovador, consiguió, en 1889, algo considerado imposible: aislar la bacteria del tétanos y hacer un cultivo puro de ella, siendo el primero en el mundo en conseguirlo. Un año después redondeó su proeza con el hallazgo de la antitoxina de dicha enfermedad, ganando así renombre internacional. El descubrimiento abrió un nuevo panorama de investigación, en el que la creatividad de Kitazato se plasmó en un nuevo tratamiento, la seroterapia (1890), aplicable entre otras enfermedades a la difteria, del que fue pionero junto a Emil Adolf von Behrin (1854-1917). La seroterapia consiste en utilizar un suero medicinal que contiene antitoxinas, para prevenir o para curar ciertas enfermedades. Por este logro, Behrin se hizo acreedor al primer Premio Nobel de Fisiología y Medicina. En aquel entonces no existían todavía los premios compartidos. De haberlos habido, es muy probable que Kitazato hubiera sido también galardonado. De hecho, Kitazato estuvo entre los nominados en una posterior edición.

Los medicamentos de anticuerpos, creados a partir del sistema inmunitario

Las antitoxinas descubiertas por Kitazato, lo que hoy llamamos anticuerpos, actúan eliminando las bacterias y otros cuerpos extraños que penetran en el organismo desde el exterior. En la sangre de las personas infectadas por bacterias o virus, se forman las proteínas llamadas anticuerpos, y son estas proteínas las que se encargan de repeler el ataque cuando bacterias o virus similares tratan nuevamente de invadir ese mismo organismo. No será necesario decir que la creación de fármacos que utilizan el sistema inmunitario del que está dotado el cuerpo por naturaleza (el principio de la reacción antígeno-anticuerpo) ha contribuido enormemente al desarrollo posterior de la medicina y de los tratamientos clínicos.

Actualmente, todavía no se han creado vacunas ni medicamentos efectivos en el tratamiento de ese nuevo coronavirus que está convulsionando el mundo. Pero está fuera de toda duda que, tarde o temprano, se llegará a desarrollar medicamentos que utilicen antígenos vacunales de patogenicidad debilitada o totalmente desactivada, todo lo cual se fundamenta en la idea de los anticuerpos. Es decir, que también en la competencia por desarrollar fármacos entablada entre las instituciones médicas del mundo que pugnan por crear la vacuna encontramos que es la idea de la reacción antígeno-anticuerpo propuesta por Kitazato y su equipo lo que sirve de base.

Pero no es solo eso, los medicamentos que utilizan los anticuerpos contenidos en la sangre están siendo usados, además de en el tratamiento del tétanos, en el de otras infecciones graves y enfermedades de difícil curación ante las que los antibióticos no resultan efectivos. Y otra vez encontramos aquí que la base teórica de todas estas aplicaciones la presta la seroterapia, creada por Kitazato. En conjunto, estos fármacos se llaman “fármacos de anticuerpos” y hoy en día representan ya más de la mitad de todos los nuevos medicamentos que se desarrollan en el mundo.

Descubrimiento de la bacteria de la peste en Hong Kong

Los méritos de Kitazato no terminan ahí. En 1894, cuando se encontraba en Hong Kong, descubrió simultáneamente a Alexandre Yersin (1863-1943), del Instituto Pasteur (Francia) la bacteria causante de la peste. Ambos investigadores la hallaron al mismo tiempo y en el mismo laboratorio, pero independientemente. Esta enfermedad, temida como “la muerte negra”, asoló Europa en el siglo XIV, tras lo cual repitió sus letales embestidas hasta el siglo XVIII, causando gigantescos daños en todo el mundo. Con su enorme poder, esta enfermedad contagiosa aguda produjo cambios dramáticos en la política, la economía, la sociedad y la cultura de aquellos tiempos. En la segunda mitad del siglo XIX la peste volvió a propagarse, esta vez por la región de Manchuria (norte de China) y fue entonces cuando los intentos de Kitazato y Yersin por identificar el patógeno se vieron coronados por el éxito en Hong Kong. Fue un brillante logro, fruto de la aplicación de los métodos bacteriológicos, que respondían ya a los llamados Cuatro Postulados de Koch. Los postulados son: por cada enfermedad debe poder extraerse un determinado microorganismo; este debe poder ser aislado y reproducido en cultivo puro; debe poderse producir la misma enfermedad al ser inoculado en otro organismo, y de nuevo debe poder ser aislado extrayéndolo de las lesiones producidas. Posteriormente ha habido otros muchos descubrimientos en el campo de la bacteriología. Shiga Kiyoshi (1871-1951) descubrió el bacilo de la disentería; Fritz Schaudinn (1871-1908) y Erich Hoffmann (1868-1959), la bacteria causante de la sífilis. Fue la época en que la bacteriología entraba en una nueva fase, la de la microbiología, al percatarse los investigadores de la existencia de microorganismos más pequeños todavía que las bacterias, hoy llamados virus.

Liderazgo también en la creación de laboratorios, facultades de medicina y farmacéuticas

Otro de los grandes logros de Kitazato es la creación, dos años antes de descubrir la bacteria de la peste, del primer laboratorio de investigación de enfermedades contagiosas de Japón (1892), para lo cual contó con la ayuda de grandes personalidades, como el literato y hombre de cultura Fukuzawa Yukichi (1835-1901), el alto funcionario de los servicios médicos Nagayo Sensai (1836-1902), o el industrial Morimura Ichizaemon (1839-1919). El Laboratorio de Enfermedades Contagiosas, dependiente de la Asociación Japonesa de la Higiene (privada), se convirtió en el Instituto Nacional de Enfermedades Contagiosas (Ministerio del Interior), que con el tiempo adquiriría fama mundial situándose al mismo nivel que el Pasteur francés o el Rockefeller norteamericano.

Sin embargo, en 1914, contra los deseos de Kitazato, el Instituto de Enfermedades Contagiosas fue traspasado a otro ministerio, el de Educación, convirtiéndose en una organización subordinada a la Universidad Imperial de Tokio (actual Universidad de Tokio). La medida despertó la ira de Kitazato, quien dimitió “en pleno” con todo el personal y plantó cara al Gobierno creando el Instituto Kitasato, que financió con su propio dinero. Desde ese momento ambas instituciones, la pública y la privada, sostuvieron controversias académicas que a la larga sirvieron para elevar el nivel de la investigación médica en Japón. El antagonismo entre estas dos instituciones no fue en ningún sentido negativo para Japón, pues la correcta exposición de posturas académicas opuestas contribuyó a elevar el nivel de los estudios en este campo.

Además de fundar su instituto, Kitazato hizo gala de un gran liderazgo en otras iniciativas. Creó en 1916 la Asociación Médica de Japón, en 1920 la Facultad de Medicina de Keiō, la primera en el país formada dentro de una universidad privada, en 1921 la sociedad anónima Termo, que fabricó termómetros y otros instrumentos médicos, y en 1923 la Sociedad Japonesa de la Tuberculosis, entre otras entidades.

Una vacuna desarrollada sobre una hipótesis falsa

El antagonismo entre el Instituto Kitasato y el Instituto Nacional de Enfermedades Contagiosas se agudizó con motivo de la llamada “gripe española”, una pandemia que se desató en 1918. Las dos entidades competían por desarrollar una vacuna y tratamientos efectivos. Sin embargo, en aquel entonces todavía no se conocía la existencia de los virus. Kitazato y Richard Pfeiffer (1858-1945) supusieron erróneamente que debía de haber una “bacteria de la gripe” y sobre ese “descubrimiento” idearon una vacuna. El instituto rival, por su parte, estimó que debía de tratarse de un patógeno “filtrante”, es decir, que al ser más pequeño que las bacterias burlaba los filtros utilizados en la época.

Por desgracia, el mundo se encontraba en la fase bacteriológica, previa a la de la microbiología. Fue lamentable que Kitazato pugnase por desarrollar una vacuna sobre una premisa equivocada, pero no cabe sino decir que fue debido a las limitaciones en el pensamiento científico inherentes a la época. La existencia de los virus, microorganismos mucho más pequeños que las bacterias, solo pudo comprobarse en 1933, cuando ya se disponía de microscopios electrónicos. Pero Kitazato había fallecido de una enfermedad dos años atrás. A lo largo de su vida continuó haciendo aportaciones al desarrollo de la bacteriología y fue después de muerte cuando comenzaron los estudios virológicos. Pese a este último episodio, la semilla difundida por Kitazato ha dado muchos y grandes frutos y la actual institución educativa Instituto Kitasato sigue siendo cuna de grandes médicos e investigadores que son líderes en el mundo.

Cronograma de la vida de Kitazato

*Sobre fondo azul, otros hitos en la historia de la investigación médica.

Fotografía del encabezado: Fotografía de Kitazato Shibasaburō (Colección Digital de la Biblioteca Nacional de la Dieta).

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